En octubre de 1972 un avión de la fuerza aérea uruguaya con destino a Santiago de Chile se estrelló en los Andes. Era un vuelo chárter contratado por el equipo de rugby de los Old Christians de Montevideo que iban a jugar un partido y de paso a disfrutar del fin de semana acompañados por familiares y amigos. Al impacto sólo sobrevivieron 27 de los 45 pasajeros. A los pocos días se suspendieron las labores de búsqueda y todos los ocupantes fueron dados por muertos. Setenta y tres días después del accidente, sólo dieciséis volvieron al mundo. Su historia de supervivencia fue contada en varios libros Viven, Después del día 10, Milagro en los Andes y La sociedad de la nieve y llevada al cine en la película Viven y en el documental Náufragos. En el área de Ámbito Socio-Lingüístico se estableció como lectura obligatoria el libro de Milagro en los Andes de Nando Parrado y se proyectó el documental Náufragos. Como actividad final, los alumnos redactaron de forma colectiva una carta destinada a todos los supervivientes. Ésta fue enviada el 22 de diciembre de 2009, el mismo día, treinta y siete años después, en que fueron rescatados. Coche Inciarte, Antonio Vizintin, Carlitos Páez y Roberto Canessa contestaron educada y cariñosamente la carta de los alumnos. Javier Methol, el mayor de los supervivientes, respondió de una forma tan generosa y tan tierna que sólo cabe el más profundo agradecimiento. Su carta es, en cierto modo, como una oración.
Para ampliar esta noticia, se debe ir a la activdad correspondiente en el apartado de ESO (acceso desde la página de inicio de esta web).
A continuación se muestra la carta de los alumnos de 4º ESO de Diversificación, con la que empezó todo:
Colegio Nazaret
Avda. Valentín Masip, 31
33013 Oviedo
Principado de Asturias (España)
22-diciembre-2009
Estimados supervivientes:
Somos un grupo de quince jóvenes entre 16 y 18 años. Vivimos en Oviedo, la capital de Asturias, una región del norte de España. Vamos al colegio Nazaret en el barrio de la Argañosa, algo lejos del centro de la ciudad. Nuestro colegio es pequeño, de barrio, casi todo el mundo viene andando. Cursamos 4º de Diversificación y nuestra clase es distinta por extraordinaria. Todos nosotros no tenemos la mejor trayectoria académica imaginable: hemos repetido al menos una vez algún curso por distintas razones. Algunos hemos nacido en este país, otros hemos venido de países del mismo continente del que son ustedes, de Ecuador y de Paraguay. Todos somos distintos. Algunos asistimos con regularidad a clase, otros respetamos el uniforme, algunos llegamos con puntualidad, otros estudiamos... Sin embargo, al menos sí hay dos cosas que todos compartimos. Todos deseamos que éste sea nuestro último año, aquel en el que nos graduemos y todos de un modo o de otro hemos participado en la redacción de esta carta.
En la asignatura de Ámbito Socio-Lingüístico, se estableció como lectura obligatoria el libro “Milagro en los Andes”. Lo leímos en clase. Vimos también la película de “Náufragos”. Comentamos y discutimos muchas veces sobre su historia de supervivencia. Y al final se propuso la redacción de una carta siguiendo el método de la escritura colectiva. Cada uno de nosotros escribimos en ocho papelitos distintos ocho ideas sobre su historia, luego las clasificamos y finalmente las reescribimos y las volvimos a reescribir. La verdad es que no tenemos ni idea de cuál es el resultado final. No esperamos tampoco que sea algo impresionante, sólo deseamos que sientan que son pedacitos unidos de cada uno de nosotros.
La verdad, cuando leímos el libro, lo primero que nos preguntamos fue cómo tuvieron tanto valor para salir adelante. Leer lo que pensaban, lo que hacían, lo que sentían nos hacía imaginar lo que habríamos hecho nosotros y, con seguridad, nos habríamos dejado morir, incapaces de sobrevivir tanto tiempo. Muchísimas cosas nos han impresionado de su historia: el relato del impacto del accidente en el que sentimos que la vida es un instante, la tristeza y la entereza con la que soportaron la muerte de sus seres queridos, su capacidad para responder como un equipo siguiendo al capitán que asume el liderazgo con la naturalidad del que sabe que sus decisiones serán respetadas por el grupo y conocer que desde el primer momento sintieron miedo y a pesar de ello fueron capaces de sacar fuerzas de donde no las tenían para darse ánimos unos a otros. Sí les confesamos que lo más impactante es el momento en el que ustedes decidieron que para sobrevivir y poder regresar a sus casas tenían que alimentarse de la carne de sus amigos muertos. Nosotros sentimos respeto por su decisión, no la juzgamos porque nunca sabremos lo que hubiéramos hecho en su lugar. El tener que asumir que no les buscasen más, que no hubiera comida en medio de la nada sin saber el tiempo que habría de pasar hasta que se produjera un desenlace es algo que muy pocos podrían siquiera considerar. Quedamos sobrecogidos con la lectura del capítulo de “La tumba” y con sus testimonios sobre el hecho en la película. Sobrevivir al alud fue como un milagro, su relato de la cercanía de la muerte descrita como un estado de placidez le hizo recordar a una de nuestras compañeras la misma sensación cuando estuvo a punto de morir ahogada en una piscina en su Paraguay natal. Estar encerrados tres días en unas condiciones más infrahumanas si cabe les obligó a comer la carne de sus compañeros recién fallecidos. Aquí comprendimos que su historia no es alcanzable por nadie excepto por ustedes mismos. No se nos olvida su valentía al arriesgarse intentando buscar soluciones para poder salir del lugar del accidente. Nos pareció increíble que con el frío y las condiciones físicas en las que se encontraban se fuesen a escalar por su vida y que sobreviviesen. Leíamos esos capítulos con impaciencia y devorados por la intriga por saber lo que ocurriría en la página siguiente. Sentíamos la desesperación y la fuerza interior de los expedicionarios al avanzar entre las montañas, su seguir respirando, su dar un paso más hasta morir siempre un poco más cerca de sus hogares. Les admiramos también por el hecho de guardar el secreto de la identidad de los cuerpos con los que se alimentaron, por el respeto que demostraron al guardar cada uno de los restos y pertenencias de cada uno de ellos, por la unión que tuvieron al ser rescatados y por la lealtad de no contar nada sin antes hablar con las familias de los fallecidos. Les respetamos a todos ustedes por su coraje y sus ganas de vivir.
Lo que nos ha enseñado esta historia es a no rendirnos tan fácilmente, a tener siempre un propósito y ponerle todas nuestras ganas y todo nuestro empeño y así darnos cuenta de que se puede conseguir aquello que nos propongamos como lo hicieron ustedes. También nos ha enseñado a valorar lo que tenemos, a vivir el día a día, a no darnos por vencidos a la primera y que siempre hay un motivo para seguir adelante. Nos han recordado la importancia de valorar cada momento de la vida y a disfrutarlo y que el cariño de un ser querido “mueve montañas”. También decirles que todos nosotros hemos aprendido que en un momento podemos ser a la vez valientes y cobardes, fuertes o débiles y que, a pesar de esto, siempre hay alguien que nos puede ayudar independientemente de la situación en la que se encuentre. Tenemos que dar un poco más de nosotros mismos y seguir adelante y aunque sintamos miedo, no demostrarlo. Por último confesarles que su ejemplo nos ha servido para valorar más la amistad, la lealtad, el compañerismo y el trabajo en equipo; para saber que todo lo que nos propongamos lo podemos conseguir con esfuerzo y voluntad y que cada día que nos levantamos es un regalo y que hay que aprovecharlo y que la mayor fuerza de las personas es “lo contrario de la muerte”: el amor.
Ha habido muchas preguntas que han rondando nuestras cabezas durante la lectura del libro, la proyección de la película y nuestras propias discusiones que incluimos como una retahíla en este capítulo. ¿Cómo se sintieron después del accidente?, ¿qué hubiera pasado si no hubieran sido o funcionado como un equipo?, ¿llegaron a pensar en quién sería el siguiente en morir? Después del alud, ¿cómo afrontaron el que no hubiera otra opción que la de alimentarse de los cuerpos de los recién fallecidos?, ¿qué pensaron esos tres días en los que estuvieron sepultados?, ¿se hubieran dejado morir? Mientras leíamos la expedición final nos preguntábamos cómo se sentían los expedicionarios, si sabían que eran la única esperanza para sus compañeros y que tenían sus vidas en sus manos. Cuando les rescataron y dejaron el avión sintieron algo parecido a la nostalgia, ¿a qué se refieren?, pero cuando llegaron al mundo real, ¿cómo lo asumieron?, ¿cómo hicieron para poder continuar sus vidas cuando la sociedad los consideraba como unos resucitados? Hemos conocido que han vuelto al lugar del accidente y en algún caso muchas veces, ¿por qué lo hacen?, ¿qué buscan? Son demasiadas preguntas y quizá ya las hayan contestado. Si es así, sólo nos resignaríamos a quedarnos con la duda si nos contestaran a una que sabemos que es íntima y que se la reservan para ustedes. Nos encantaría saber cómo celebran el 22 de diciembre, lo que hacen, lo que sienten. Debe ser una fecha muy especial para ustedes, al fin y al cabo, volvieron a nacer.
Quisiéramos poner punto final a esta carta diciéndoles que su historia nos ha conmovido y enriquecido también. Con su peripecia todos nosotros hemos revivido nuestra historia personal, hemos pensado en las pérdidas y en las situaciones críticas por las que hemos pasado, en cómo las afrontamos en su momento y si quizá ahora lo haríamos de otro modo. Todos nosotros hemos pasado por nuestros propios Andes y los que nos quedan. Cuando estábamos inmersos en su historia, todos hemos sentido en algún momento que éramos mejores o que deseábamos serlo. Nada más, sólo desearles que tengan unas felices Navidades, un próspero año nuevo y, sobre todo, un feliz cumpleaños. No todo el mundo tiene la oportunidad de compartir su aniversario con otras quince personas y de cumplir siempre veinte o treinta años menos de los que señala su cédula de identidad.
Con todo nuestro respeto, cariño y admiración.
Katherine, Jorge, Liz,Lilibeth, Pedro, Teresa, Noelia, Juan, Luis Miguel, Jessica, Eva, Ángela, Cristian, María y Liseth.
Pinche en los nombres para leer el mensaje correspondiente:
Antonio (Tintín) Vizintin
Carlitos Páez
José Luis (Coche) Inciarte
Roberto Canessa (respuesta)
Eduardo Strauch
Roberto Canessa (agradecimiento español)